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Mujeres fuera de las finanzas: un lujo que la economía no puede pagar

Opinion30-06-2026

Tiempo de lectura: 5 minutos

Por María Isabel Acosta Domínguez
Directora de Diversidad, Equidad e Inclusión
Bancolombia

Profesional en entorno corporativo, representación de la inclusión financiera de las mujeres y su impacto en el crecimiento económico.

Existen brechas económicas, políticas, sociales y culturales que, en algunos casos, operan de forma independiente y, en otros, se entrecruzan y refuerzan. Estas desigualdades no solo coexisten: se potencian y terminan configurando sistemas que reproducen exclusión. 

La limitada participación de las mujeres en el sistema financiero es una de esas brechas complejas, dado que recoge elementos estructurales de inequidad y, al mismo tiempo, amplifica sus efectos.   

Las brechas de género no son solo un problema social en Colombia y en el mundo, son una barrera estructural que limita la productividad, desacelera el crecimiento económico y restringe la autonomía económica de las mujeres. 

Sin acceso efectivo a soluciones, servicios y productos financieros, millones de mujeres ven reducida su capacidad de tomar decisiones, invertir, protegerse frente a riesgos y construir futuro en sus propios términos.

Avances en acceso, brechas que persisten 

Como país hemos logrado avances importantes en inclusión financiera en los últimos años. La cobertura del sistema ha crecido de manera sostenida, evidenciando esfuerzos relevantes del sector público y privado por ampliar el acceso. 

Sin embargo, cuando incorporamos una mirada de género, la historia cambia, las mujeres siguen enfrentando barreras más profundas que no se explican únicamente por acceso, sino por calidad de este, el uso efectivo y las condiciones del sistema. 

Hoy, la brecha no solo se mide en quién tiene un producto financiero, sino en quién puede usarlo para transformar su contexto. Y la realidad es que muchas mujeres permanecen en la periferia del sistema con acceso limitado a crédito productivo, menor aseguramiento y menor profundidad en el uso de servicios financieros. 

Por eso, debemos partir de esta premisa: sin inclusión financiera efectiva no hay autonomía económica real. Y sin autonomía económica, la participación plena de las mujeres en la economía sigue siendo incompleta. 

El costo económico de la exclusión 

Infografía sobre el costo económico de la exclusión financiera de las mujeres y su impacto en productividad, empleo y crecimiento económico.

Medir el impacto exacto de una sola brecha sobre el PIB es complejo, pero la evidencia es consistente; la inclusión financiera impulsa el crecimiento, la productividad y la estabilidad económica. 

Cuando el acceso al crédito se amplía, aumentan los ingresos, se dinamizan los negocios y se fortalece el tejido productivo. En Colombia, esto es particularmente relevante si consideramos que las mipymes representan cerca del 99 % del tejido empresarial, generan alrededor del 40 % del PIB y el 78 % del empleo. 

Sin embargo, existe un déficit estructural de financiamiento que afecta especialmente a las empresas lideradas por mujeres. Aunque estas suman cientos de miles y son en su mayoría mipymes, enfrentan mayores barreras para acceder a crédito productivo, crecer y escalar. 

Cuando el financiamiento no llega, o llega tarde, en condiciones desfavorables o con mayores costos, el impacto trasciende lo individual: 

  • Se frena la productividad
  • Se posterga la formalización
  • Se limita la innovación
  • Se reduce la capacidad de generar empleo de calidad

Y aquí hay un punto crítico: la exclusión financiera no es neutra, empuja a soluciones informales, más costosas y riesgosas, que debilitan tanto a las personas como a la economía.
 

Un sistema que no refleja el riesgo real 

Lo más paradójico es que estas barreras no responden a un mayor riesgo. De hecho, los datos muestran lo contrario: las mujeres tienen, en promedio, un mejor comportamiento crediticio, sin embargo, este mejor desempeño no se traduce en mejores condiciones. Persisten brechas en montos, tasas y acceso a productos clave. 

Esto revela un desafío estructural y es que los modelos de evaluación financiera no están capturando adecuadamente la realidad de las mujeres. Aquí es donde el enfoque conductual cobra relevancia. Las decisiones financieras no se explican únicamente por variables tradicionales como ingresos o activos formales. Factores como patrones de comportamiento financiero, hábitos de pago, redes de apoyo y dinámicas de informalidad, también deben ser parte del análisis. 

Si el sistema no incorpora estas dimensiones, seguirá excluyendo, no por falta de capacidad, sino por limitaciones en su forma de medir el riesgo.

Cita destacada de María Isabel Acosta, directora de Diversidad, Equidad e Inclusión de Bancolombia, sobre inclusión financiera de las mujeres y crecimiento económico.

El rol del sector financiero: de intención a diseño

Cerrar estas brechas no se logra con iniciativas aisladas ni con soluciones superficiales. Requiere intención, pero sobre todo diseño consciente. No se trata de “pintar de rosa” los productos, sino de entender trayectorias de vida, contextos y barreras estructurales desde una mirada interseccional. 

Desde el sector financiero podemos acelerar cambios concretos con estas acciones: 

  • Datos con enfoque: medir acceso, uso y condiciones con desagregación por género (e idealmente con variables interseccionales, incluyendo otras diversidades como el origen étnico y la distribución territorial). Lo que no se mide, no se gestiona.
  • Modelos de riesgo más inclusivos: incorporar información alternativa y variables conductuales que reflejen mejor la realidad financiera de las mujeres. 
  • Condiciones alineadas al riesgo real: si el comportamiento crediticio es mejor, esto debe reflejarse en tasas, montos y oportunidades. 
  • Educación financiera útil: práctica, contextual y orientada a fortalecer confianza, capacidades y toma de decisiones. 

Nuestro compromiso 

Desde Bancolombia entendemos que cerrar la brecha de género no es solo una agenda social, es una prioridad estratégica y una oportunidad para el desarrollo sostenible. Por eso nos propusimos movilizar cerca de 160 billones de pesos entre 2020 y 2030 para contribuir a la igualdad de género, alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Estamos fortaleciendo una propuesta de valor con enfoque de género que combina soluciones financieras, como líneas de crédito diferenciales, con herramientas no financieras: educación, acompañamiento y generación de redes. 

Además, nos sumamos a iniciativas como WE Finance Code, que buscan mejorar la calidad de la información y transformar las condiciones de acceso al crédito para mujeres empresarias. 

Al interior de la organización, trabajamos para garantizar equidad en liderazgo, cerrar brechas en desarrollo profesional y prevenir violencias basadas en género, entendiendo que la coherencia comienza desde adentro.

Cerrar brechas es abrir posibilidades 

La inclusión financiera de las mujeres no es solo un tema de acceso, es un habilitador de autonomía, crecimiento y transformación social. Cerrar estas brechas no es solo lo correcto, es lo inteligente y no es solo una deuda histórica, es una oportunidad económica. 

Cada mujer que accede, usa y se apropia del sistema financiero con condiciones justas, no solo transforma su vida, fortalece empresas, dinamiza la economía y amplía el potencial del país. 

El desafío no es menor, pero tampoco lo es la oportunidad. Y en ese camino, el compromiso debe ser claro: pasar de la intención a la acción, y de la inclusión declarada a la inclusión diseñada.
 

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