Los riesgos emergentes que no siempre las empresas tienen en el radar
Tendencias11-08-2026
En un mundo en constante cambio, la adaptabilidad de las empresas cobra un rol cada vez más importante, en especial, cuando la lista de riesgos se va transformando a la par de la economía, la tecnología y el contexto global, particularmente en países como Colombia.
Y es que hoy en día las empresas no solo deben tener en el radar los desafíos tradicionales (ajustes regulatorios, tendencias económicas, etc.), sino también las amenazas emergentes, que van desde los ciberataques y la disponibilidad energética, hasta los fenómenos climáticos y las interrupciones en las cadenas de suministro.
En ese escenario, la gestión del riesgo dejó de ser una función enfocada únicamente en prevenir pérdidas para convertirse en un elemento estratégico que determina la capacidad de las empresas para mantener su operación, proteger su reputación y asegurar su crecimiento en un entorno cada vez más incierto.
Comprender esa realidad implica reconocer que los riesgos ya no ocurren de manera aislada y que, por el contrario, están entrelazados entre sí. Esto ha llevado a que las organizaciones se replanteen la forma en la que detectan y gestionan las amenazas que pueden afectar sus negocios.
Ahí es donde entra un concepto difícil de ignorar: la complejidad empresarial. Esta no solo se relaciona con el crecimiento de una organización, sino también con la cantidad de variables que debe gestionar de manera simultánea. Regulaciones cambiantes, operaciones en múltiples mercados, cadenas de suministro globales y una mayor dependencia tecnológica, hacen que anticiparse a los riesgos sea una tarea cada vez más exigente.
Esa tendencia quedó reflejada en el más reciente Informe Global de Complejidad Corporativa de TMF Group, según el cual el entorno operativo continúa marcado por la incertidumbre geopolítica, los cambios regulatorios constantes y las crecientes exigencias en materia de gobernanza y entrega de información.
En esa misma línea, el estudio concluye que la transformación digital se ha convertido en un eje transversal de la gestión empresarial. Sin embargo, aunque ha permitido optimizar procesos y mejorar la eficiencia, también ha dado lugar a nuevos desafíos relacionados con la ciberseguridad, la gestión de datos y la adopción de tecnologías emergentes.
Los desafíos de la era digital
Hoy es difícil pensar en un sector económico que no pueda mejorar sus resultados mediante procesos de digitalización. Incorporar tecnología se traduce en nuevas formas de innovar en productos y procedimientos, lo que a su vez ayuda a las organizaciones a responder más rápido a los cambios en la demanda de los clientes, a las nuevas oportunidades de mercado y a las amenazas competitivas.
Ximena Duque, presidenta de Fedesoft, destaca que esta adopción ya no es una opción, sino un factor determinante para la competitividad.

“Las empresas que adoptan estas tecnologías aumentan su productividad, optimizan procesos, toman mejores decisiones con base en datos y responden con mayor rapidez a las necesidades del mercado. Quienes aún no han iniciado este proceso corren el riesgo de quedarse rezagados frente a competidores que ya están aprovechando estas capacidades”.
Ximena Duque, presidenta de Fedesoft
Para hacerse una idea, la edición más reciente del ESET Security Report evidenció que un 52,7 % de las empresas de la región confirmó haber detectado al menos un intento de ciberataque en los últimos 12 meses.
Un 25,1 % de las compañías que no detectaron ataques admitió que las agresiones pudieron haber ocurrido sin ser detectadas, debido a que la organización no contaba con herramientas suficientes para identificarlos.
En lo que se refiere a sectores, los resultados mostraron que manufactura (62,7 %), banca/finanzas (57,8 %) y gobierno (54,5 %) son los que concentran las tasas más altas en detección de intentos de ataque.


En ese escenario,la seguridad informática se presenta como un elemento vital, ya que no contar con una estrategia puede generar pérdidas económicas significativas, afectar la continuidad del negocio y comprometer información crítica de clientes y de la empresa.
“Un ataque puede ocurrir en cualquier momento, por lo que las organizaciones deben prepararse con sistemas de protección robustos, protocolos claros y capacitación permanente para sus colaboradores. La ciberseguridad debe entenderse como un componente estratégico del negocio y no únicamente como un asunto tecnológico”, resalta Ximena Duque.
Pero los desafíos para las empresas no terminan en el mundo digital. Mientras unas amenazas provienen de un entorno cada vez más conectado, otras tienen su origen en fenómenos físicos que alteran la forma de producir, transportar y operar. Entre ellas, el cambio climático se ha consolidado como uno de los principales factores de riesgo para el sector empresarial.
El factor impredecible del clima
Los fenómenos climáticos ya no son una amenaza lejana: sus efectos se reflejan en la actividad económica y, por ende, en el entorno empresarial, al afectar la productividad, elevar los costos operativos e interrumpir cadenas de producción y comercio.
De acuerdo con un informe realizado por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), las emisiones actuales reducirían el PIB mundial per cápita entre un 11 % y un 29 % para 2050. En otras palabras, el cambio climático ya no representa únicamente un desafío ambiental, sino también un riesgo económico capaz de alterar la rentabilidad y las perspectivas de crecimiento de las empresas.
En ese sentido, el WEF reveló que los peligros climáticos (sequía, estrés hídrico, inundaciones, etc.) podrían provocar pérdidas de activos fijos en las firmas que cotizan en el mercado de entre USD560.000 millones y USD610.000 millones anuales para 2035, escalando hasta USD1,1 billones para 2055.


El impacto, además, no será uniforme. El reporte advierte que sectores como telecomunicaciones y servicios públicos figuran entre los más expuestos, con caídas en sus ganancias anuales superiores al 20 % hacia 2035.
De hecho, actividades que parecen menos directamente expuestas a eventos climáticos extremos, como la alta tecnología, el software y las ciencias de la vida, podrían sufrir una presión financiera debido a las interrupciones en la cadena de suministro, el aumento de los costos operativos y el incremento de los riesgos climáticos para la infraestructura y la logística.


En ese contexto, la resiliencia climática ha dejado de ser una estrategia exclusiva de las compañías más expuestas a eventos naturales para convertirse en una prioridad transversal. Invertir en infraestructura más resistente, mejorar la gestión de los recursos, diversificar proveedores e incorporar criterios climáticos en la planificación del negocio son algunas de las medidas que permiten reducir la vulnerabilidad frente a un entorno cada vez más incierto.
Sin embargo, los desafíos para las empresas no terminan en los efectos directos del cambio climático. La creciente interconexión de los mercados también ha puesto de manifiesto la fragilidad de las cadenas globales de suministro, donde conflictos geopolíticos, restricciones comerciales e interrupciones logísticas pueden desencadenar impactos que se extienden mucho más allá del lugar donde se originan.
Los riesgos emergentes que están redefiniendo la competitividad empresarial
Los riesgos emergentes están llevando a las empresas a desarrollar nuevas capacidades para anticiparse, adaptarse y responder en entornos cada vez más complejos:
| Riesgo emergente | Posible impacto empresarial | Capacidad que exige desarrollar |
|---|---|---|
| Ciberseguridad | Interrupción operativa, pérdida de información y afectación reputacional | Monitoreo continuo y protección digital |
| Cambio climático | Aumento de costos, afectación de activos e interrupciones productivas | Resiliencia y adaptación |
| Disrupciones en cadenas de suministro | Retrasos, escasez de insumos y mayores costos logísticos | Diversificación y capacidad de anticipación |
Los retos también pasan por la logística
Si la tecnología sostiene buena parte de la operación de una empresa, la logística mantiene en movimiento esa operación. Detrás de cada producto o servicio existe una cadena de suministro que conecta proveedores, fabricantes, distribuidores y clientes.
Las cadenas de suministro operan como una línea de dominó, en la que se articulan las actividades, infraestructuras y canales de distribución que hacen posible el flujo de bienes y servicios. Pero, en un escenario de cambios geopolíticos profundos y constantes, estas se ven más expuestas a interrupciones.
Aquí se introduce otro riesgo latente: la dependencia de uno o pocos proveedores. Cuanto mayor es esa concentración, menor es la capacidad de una empresa para responder cuando ocurre una interrupción inesperada.


Cuando una de esas fichas falla, las consecuencias no tardan en aparecer en interrupciones en la producción, incremento de los costos, retrasos en las entregas e incluso dificultades para atender la demanda.
La diferencia ya no está únicamente en reaccionar cuando ocurre una interrupción, sino en anticiparse a ella. Esto implica identificar los riesgos de manera temprana y construir redes de abastecimiento más adaptables, diversificadas y apoyadas en herramientas digitales.
Esa preparación, explica IBM, depende cada vez más del uso de herramientas como la analítica de datos, la inteligencia artificial y el monitoreo en tiempo real, que permiten identificar señales de alerta, anticipar interrupciones y tomar decisiones antes de que una falla se propague a toda la cadena.
En un entorno donde la incertidumbre se ha convertido en una constante, la gestión del riesgo dejó de ser un mecanismo de respuesta para convertirse en un factor estratégico de competitividad. La transformación digital, el cambio climático y las tensiones geopolíticas han ampliado el mapa de amenazas, pero también han redefinido las capacidades que las empresas necesitan desarrollar para mantenerse vigentes.
Más que eliminar los riesgos (una tarea prácticamente imposible en un escenario tan dinámico), el reto consiste en fortalecer la capacidad de anticiparlos, adaptarse a ellos y responder con rapidez. Al final, en un mundo en constante cambio, la verdadera ventaja competitiva no estará únicamente en innovar, sino en la capacidad de evolucionar al mismo ritmo que los desafíos que transforman el entorno empresarial.
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