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The New York Times

‘Estados Unidos, qué gran país’: Michael Dell sobre su vida y los negocios

/Bancolombia/Categoria Capital Inteligente/The New York Times Company26-05-2021

Tiempo de lectura: 10 minutos

Por David Gelles

Entrevista de Michael Dell

La primera vez que me reuní para conversar con Michael Dell, el coronavirus no había interrumpido la vida ni los negocios en todo el mundo.

Hablamos sobre su trayectoria desde un precoz estudiante en Texas con un interés en las computadoras hasta convertirse en el multimillonario director ejecutivo de una de las compañías tecnológicas más grandes del mundo, además de sus puntos de vista sobre los impuestos, la inmigración y la filantropía.

Mucho ha cambiado desde ese entonces. En una conversación de seguimiento esta semana, Dell describió cómo su compañía, Dell Technologies, al principio soportó las interrupciones en la cadena de suministro cuando el virus surgió de China y comenzó a trabajar de manera remota. La mayoría de los más de 150.000 empleados de Dell todavía trabajan desde casa. Y aunque la compañía no ha tenido que llevar a cabo despidos a gran escala, muchos de sus clientes de pequeños negocios enfrentan dificultades para hacer sus pagos durante las afectaciones económicas.

No obstante, en general, Dell habló en un tono optimista cuando le preguntamos cómo la pandemia cambiaría el mundo en los próximos años.

“Aunque 2020 será visto como una especie de año trágico con afectaciones económicas y pérdida de vidas, hay otras historias que acontecieron aquí”, dijo Dell. “Una es la manera sorprendente en que continuaron los negocios, el comercio, la educación, la atención médica y todo lo demás mientras todo eso ocurría. Ese no hubiera sido el caso hace quince o veinte años”.

Y esto es solo el comienzo, dijo.

“También pienso que 2020 será un año de grandes aceleraciones”, mencionó. “De alguna manera, con esto le estamos echando un vistazo al futuro”.

La siguiente conversación, que se resumió y editó para mayor claridad, fue realizada en Nueva York antes de la pandemia.

P: ¿Cómo eran tus padres?

  • R: A mis padres no les interesaban los deportes. Hablaban sobre la economía, la crisis del petróleo, las tasas de interés. Leían Scientific American, Barron’s, Fortune, Forbes y The Wall Street Journal. Mi madre era una agente inmobiliaria y después se volvió analista financiera. Ella era el cerebro financiero de la familia. Mi papá ganaba algo de dinero como ortodoncista y ella lo invertía y les iba bastante bien. Siempre estaban hablando sobre eso en la mesa durante la cena. A mí me gustaban las matemáticas, la ciencia y los números.

 

P: ¿Cómo te empezaste a interesar en la tecnología?

  • R: Vivíamos en Houston y la NASA y el Centro Espacial Johnson no estaban muy lejos. Mis padres nos llevaban allá y veíamos los lanzamientos de los cohetes y eso era superemocionante. Entonces, cuando tenía alrededor de 8 años, me dieron una calculadora electrónica, que en 1973 era lo máximo. Era una calculadora National Semiconductor. Estaba sorprendido de que esta cosa pudiera resolver operaciones matemáticas (multiplicaciones y divisiones). Cuando fui a la secundaria, no estuve en el equipo de atletismo ni en el de futbol americano ni en el de baloncesto. Estuve en el Club de Sentido Numérico. Multiplicas tres números por tres números en tu cabeza y compites a nivel distrital y estatal.

    Cuando salía de la escuela, iba a RadioShack a pasar el rato. Me quedaba ahí hasta que me sacaban porque no compraba nada. Entonces, Apple lanzó la Apple II, escuché sobre Stephen Wozniak y Steve Jobs y dije: “Tengo que tener una de esas cosas”. Había ahorrado algo de dinero gracias a mis primeros intentos como emprendedor (intercambiar tarjetas de béisbol y calcomanías, comprar y vender oro y plata, así como invertir en acciones cuando era muy joven). Compré una Apple II y de inmediato la desarmé, lo que dejó anonados a mis padres.

 

P: ¿Cómo fundaste Dell?

  • R: De ahí, avancemos hasta 1981, yo tenía 16 años e IBM lanzó la IBM PC. “OK, esta PC de IBM va a ser lo máximo”. Compré una de esas, la desarmé y comencé a mejorar los componentes y a entrenar a otros chicos. Fui a la universidad y continué con eso de mejorar los componentes de las computadoras. Y se volvió un negocio más grande mientras estaba en mi primer año en la universidad. Mis padres se enteraron de ello, se enojaron muchísimo conmigo y me dijeron: “Tienes que dejar de hacerlo. Se supone que debes ir a la universidad”.

    Mis padres fueron los primeros en su generación en ir a la universidad y la idea de que yo renunciara a una educación para jugar con computadoras... simplemente no podían entenderlo. Me suplicaron. Fue una situación muy emocional. Así que dejé de hacerlo por más o menos diez días y fue en esos diez días que realmente decidí que esto no era un pasatiempo. Era realmente lo que quería hacer. Así que hice lo que cualquier joven de 18 años haría: lo hice y no les dije a mis padres. Me mudé de mi dormitorio a una pequeña oficina, en la que ya no cabíamos al cabo de treinta días. Y aquí estamos.

 

P: ¿No te graduaste de la universidad?

  • R: Estados Unidos, qué gran país.

 

P: ¿Cómo pasaste de básicamente mejorar máquinas a pensar: “Ah, existe un mercado para realmente diseñar y construir nuevas máquinas”?

  • R: Cuando desarmé la PC de IBM, una de las cosas sorprendentes fue que ninguna de las partes era de IBM. La vendían por 3000 dólares, pero sus componentes en conjunto, hasta donde pude ver, valían unos 500 dólares. Parecía un poco como un proyecto criminal. Quiero decir, en términos de lo que sumaba.
     
  • Empecé por mejorar las computadoras y también compraba las computadoras IBM austeras, las mejoraba y las vendía. El negocio rápidamente se convirtió en hacer kits de unidades de disco duro para mejorar las computadoras de IBM que no contaban con unidades de disco duro, porque las primeras versiones no las tenían. Hacíamos cientos y miles de esos kits y los vendíamos por todos lados.
     
  • Los primeros ocho años, crecimos un 80 por ciento por año. Los seis años después de eso crecimos alrededor del 60 por ciento anualmente. Puedes empezar con cualquier número, si lo tecleas en tu calculadora, obtienes decenas de miles de millones de dólares. Eso fue lo que pasó. Estados Unidos, qué gran país.

 

P: ¿Qué aspecto de la tecnología te emociona en la actualidad de la misma manera en que te emocionaba la computadora personal hace cuarenta años?

  • R: La increíble explosión en la cantidad de datos. Si piensas en todas las palabras de moda en la industria: 5G, IA, RV, el internet de las cosas, blablablá, inserta tu palabra de moda aquí. Detrás de todas esas cosas están cantidades increíbles de datos. Convertir esos datos en ideas, conclusiones y resultados útiles y la infraestructura, así como el hardware y el software necesarios para hacer que todo eso ocurra, para asegurarlo, integrarlo y protegerlo... eso requiere un conjunto enorme de nuevas capacidades. De muchas maneras, esto es solo el comienzo. Aunque los últimos 35 años han sido asombrosos, pienso que todo va a palidecer en comparación con lo que viene. De muchas muchas maneras, es solo el comienzo de la tecnología.

 

P: El año pasado en Davos, dijiste que no apoyabas un fuerte incremento a la tasa impositiva individual a los estadounidenses más acaudalados. ¿Puedes comentar un poco más acerca de eso? ¿Por qué una tasa impositiva individual más alta no es algo bueno en un momento en que el gobierno federal claramente necesita recursos reales para hacer cosas como educar a nuestros hijos?

  • R: Podría ser. Mi esposa y yo tenemos una fundación. Nos enfocamos mucho en la educación. Hemos contribuido 2500 millones de dólares a nuestra fundación y hace una gran labor por la educación en Estados Unidos y en todo el mundo. Tienes miles de propuestas sobre cómo mejorar el sistema. Dejaremos que el mercado de ideas haga lo que le corresponde. No tengo miedo de decir que creo en el emprendimiento. Pienso que tener un sistema en el que puedes tomar riesgos e innovar es increíblemente importante. Ahora bien, todo eso tiene que equilibrarse con los intereses públicos. Eso es todo.

 

P: Muchos de tus contemporáneos no tienen miedo de decir: “El sistema ya no funciona”. Marc Benioff es uno de los que dicen: “El capitalismo ya no funciona”. Ray Dalio también lo dice. ¿Tienes algunas de las mismas inquietudes existenciales que algunos de ellos?

  • R: Probablemente no tan incendiarias. ¿Es un sistema perfecto? No. ¿Puede ser mejorado? Sí. Pero volvamos al emprendimiento y a la toma de riesgos, la innovación. Tenemos, en este país, un motor que está creando muchos nuevos negocios y mucha nueva innovación que es relevante a nivel global. Pienso que a cualquiera de esos otros países les encantaría tener eso, ¿no?

 

P: Entonces, ¿tu afirmación es que los impuestos altos sofocan ese espíritu emprendedor o esa innovación?

  • R: No, mi aseveración es: “No soy un experto en política fiscal y no voy a establecer ninguna política fiscal”. Simplemente no es a lo que me dedico.

 

P: Cuando hablas sobre un sistema que apoye el emprendimiento y la innovación, ¿cómo se vería?

  • R: Tenemos algo muy preciado en nuestro sistema que es una combinación de cultura y capital. A medida que lo modificamos y lo mejoramos, debemos asegurarnos de conservar eso, para que se puedan crear nuevos y pequeños negocios, así como emprendedores en el proceso.

 

P: ¿Eso también puede aplicarse a temas como la inmigración?

  • R: Pienso que es muy claro que necesitamos una reforma migratoria exhaustiva y la única manera de lograrlo es a través de alguna especie de sistema bipartidista. No veo que gran parte de eso ocurra. No veo a ningún George Washington por aquí en este momento.

        
Dell, Michael S

  • Dell Inc
  • Entrepreneurship
  • Computers and the Internet

 

c.2020 Harvard Business School Publishing Corp. Distribuido por The New York Times Licensing Group

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