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The New York Times

Los premios Good Tech de 2021

/Bancolombia/Categoria Capital Inteligente/The New York Times Company14-01-2022

Tiempo de lectura: 7 minutos

Por Kevin Roose

Los premios Good Tech 2021

En la industria tecnológica, 2021 fue un año de ganancias y puntos de inflexión.

En parte gracias a la pandemia y a la digitalización de nuestras vidas, todas las grandes empresas tecnológicas se volvieron más grandes. Facebook se cambió de nombre a Meta, Jeff Bezos fue al espacio, Jack Dorsey dejó Twitter y Silicon Valley se enamoró más de las criptomonedas.

Todos los diciembres, en parte para levantarme el ánimo después de un año de cubrir los escándalos y las deficiencias del sector tecnológico, utilizo esta columna para exaltar un puñado de proyectos tecnológicos que mejoraron el mundo durante el año. Mis criterios son un tanto imprecisos y arbitrarios, pero busco el tipo de proyecto valioso y altruista que usa la tecnología para grandes problemas sociales y que no llama mucho la atención de la prensa especializada en tecnología, como las empresas emergentes que usan inteligencia artificial para combatir los incendios forestales o los programas de entrega de alimentos para los necesitados.

En especial en una época en la que muchos líderes del sector parecen más interesados en crear nuevos mundos virtuales que mejorar el mundo en el que vivimos, vale la pena elogiar a los tecnólogos que hicieron el esfuerzo por resolver algunos de nuestros problemas más importantes.

Así que, sin más preámbulos, estos son los premios Good Tech.

 

PARA DEEPMIND, POR RESOLVER EL PROBLEMA DE LAS PROTEÍNAS (Y PUBLICAR SU TRABAJO)

Uno de los avances más emocionantes de la inteligencia artificial llegó en julio, cuando DeepMind —una empresa de inteligencia artificial propiedad de Google— publicó datos y código libre de su revolucionario proyecto AlphaFold.

El proyecto, el cual utilizó inteligencia artificial para predecir las estructuras de las proteínas, resolvió un problema que había sacudido a la comunidad científica durante décadas y fue alabado por los expertos como uno de los descubrimientos científicos más importantes de todos los tiempos. Además, al publicar los datos de manera gratuita, AlphaFold desató un frenesí entre los investigadores, algunos de los cuales ya lo usaron para desarrollar fármacos nuevos y comprender mejor las proteínas involucradas en virus como el SARS-CoV-2.

En general, las iniciativas de inteligencia artificial de Google han estado plagadas de controversias y tropiezos, pero AlphaFold parece, sin duda, un buen uso de la enorme cantidad de experiencia y recursos de la empresa.


PARA UPSIDE FOODS, MOSA MEAT Y WILDTYPE, POR SUS ESFUERZOS PARA POPULARIZAR LA CARNE PRODUCIDA EN LABORATORIOS

A la gente le encanta comer carne. Sin embargo, el sistema agrícola industrializado que produce la gran mayoría del suministro de carne del mundo es un desastre ético y ambiental, y los sustitutos con base de plantas no han pegado mucho entre los carnívoros. De ahí la importancia de la carne cultivada —la cual crece en un laboratorio a partir de células, en vez de animales sacrificados— y la que podría ser la respuesta del sector tecnológico a nuestra adicción mundial a la carne.

A pesar de más de una década de investigación y desarrollo, la carne cultivada sigue siendo demasiado cara y difícil de producir. No obstante, eso podría cambiar pronto, gracias a los esfuerzos de decenas de empresas emergentes, entre ellas Upside Foods, Mosa Meat y Wildtype.

Este año, Upside Foods, otrora conocida como Memphis Meats, abrió una planta de 5000 metros cuadrados en California y anunció que había encontrado una manera de cultivar células y convertirlas en carne sin usar componentes animales.

Mosa Meat, una empresa emergente neerlandesa de carne cultivada, también anunció importantes avances en su tecnología, incluido un método para cultivar grasa animal que es un 98 por ciento más barato que el método anterior.

Y este año, Wildtype, una empresa emergente de San Francisco que produce mariscos cultivados en un laboratorio, lanzó un producto de salmón creado a base de células cultivadas que está teniendo buenas reseñas en las primeras pruebas, aunque todavía no recibe la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos.

 

PARA RECIDIVIZ Y AMEELIO, POR LLEVAR UNA MEJOR TECNOLOGÍA AL SISTEMA DE JUSTICIA PENAL

Las cárceles no son famosas por ser semilleros de innovación. Sin embargo, dos proyectos tecnológicos de este año intentaron hacer que nuestro sistema de justicia penal fuera más humano.

Recidiviz es una empresa tecnológica sin fines de lucro que crea herramientas de datos de código abierto para reformar la justicia penal. La fundó Clementine Jacoby, una exempleada de Google que vio una oportunidad para reunir datos sobre el sistema penitenciario y volverlos disponibles para que las autoridades de las cárceles, los legisladores, los activistas y los investigadores tomaran decisiones con mejores fundamentos. Sus herramientas se usan en siete estados, entre ellos Dakota del Norte, donde las herramientas de datos ayudaron a que las autoridades penitenciarias evaluaran el riesgo de brotes de COVID-19 e identificaran a personas encarceladas que fueran candidatas para una liberación prematura.

Ameelio, una empresa emergente sin fines de lucro que fundaron dos estudiantes de la Universidad de Yale y tiene el respaldo de mandamases del sector tecnológico como Jack Dorsey y Eric Schmidt, está intentando alterar las comunicaciones de las cárceles, una industria famosa por ser explotadora que les cobra a los presos y a sus seres amados cuotas exorbitantes para tener llamadas telefónicas y de video. Este año, la empresa lanzó un servicio gratuito de videollamadas, el cual se está probando en cárceles de Iowa y Colorado, con planes de expansión a más estados para el próximo año.

 

PARA ICON Y MIGHTY BUILDINGS, POR USAR LA IMPRESIÓN 3D PARA ABORDAR LA CRISIS DE LA VIVIENDA

Hace unos años, cuando oí por primera vez de los esfuerzos experimentales para imprimir casas en 3D, los desestimé por considerarlos algo pasajero. Sin embargo, desde entonces, la tecnología de impresión 3D ha mejorado de manera constante y ahora se usa para construir casas reales en Estados Unidos y el extranjero.

Imprimir casas en 3D tiene varias ventajas: es muchísimo más barato y rápido que la construcción tradicional (las casas se pueden imprimir en 3D incluso en 24 horas) y se pueden hacer con materiales locales en partes del mundo donde es difícil encontrar concreto.

ICON, una empresa tecnológica especializada en construcción con sede en Texas, ha impreso en 3D más de dos docenas de estructuras hasta el momento. Este año, se usó su tecnología para imprimir casas en un pueblo de México y el próximo año la empresa tiene planes de empezar a construir un desarrollo en Austin, Texas, que solo constará de casas impresas en 3D.

Mighty Buildings, con sede en Oakland, California, tiene un enfoque un tanto distinto. Vende paquetes de casas prefabricadas que consisten en paneles impresos en 3D producidos en una fábrica y ensamblados in situ. Sus casas funcionan con paneles solares, están llenas de funciones de eficiencia energética y la empresa hace poco cerró un acuerdo para imprimir en 3D quince casas en una subdivisión en Rancho Mirage, California.

Es necesario aclarar que nuestra crisis nacional de la vivienda no es un problema derivado principalmente del sector tecnológico. Las malas zonificaciones y leyes tributarias, el proteccionismo hacia la oposición de los residentes locales a las construcciones y otros factores han hecho que no todo el mundo pueda tener una vivienda asequible. No obstante, da tranquilidad saber que, cuando los gobiernos estatales y locales decidan comportarse como es debido y empiecen a construir más viviendas, la impresión 3D podría ayudar a acelerar ese proceso.

 

PARA FRANCES HAUGEN E INTEGRITY INSTITUTE, POR AYUDAR A LIMPIAR LAS REDES SOCIALES

Este año, pocas historias del sector tecnológico tuvieron un impacto tan grande como las revelaciones de Frances Haugen, la gerente de producto de Facebook que se convirtió en informante y fue la principal fuente de la exitosa serie de artículos “Facebook Files” de The Wall Street Journal. Al hacer públicos miles de documentos donde se detallaban investigaciones y debates internos de Facebook sobre los daños que causa la plataforma, Haugen nos dio un mayor conocimiento colectivo sobre el funcionamiento al interior de Facebook y su testimonio frente al Congreso fue un momento trascendental para la responsabilidad del sector tecnológico.

Poco después de que Haugen salió a la luz pública, dos exmiembros del equipo de integridad de Facebook, Jeff Allen y Sahar Massachi, comenzaron Integrity Institute, una organización sin fines de lucro que tiene como objetivo ayudar a las empresas de redes sociales a sortear asuntos espinosos relacionados con la confianza, la seguridad y la gestión de plataformas. Su anuncio obtuvo menos atención que el depósito de documentos de Haugen, pero todo es parte del mismo esfuerzo valioso por educar a los legisladores, los tecnólogos y el público para que nuestro ecosistema de redes sociales sea más sano.

Y una mención honoraria para MacKenzie Scott, por convertirse en la filántropa más rápida del mundo

En 2021, Scott, quien se divorció de Jeff Bezos en 2019, no introdujo ninguna nueva tecnología ni una empresa emergente. Sin embargo, está donando su fortuna de Amazon —con un valor estimado de más de 50.000 millones de dólares— a tal ritmo que hace que otros filántropos del sector tecnológico se vean como unos tacaños.

En 2021, Scott donó más de 6000 millones de dólares a varias organizaciones caritativas, escuelas y programas sociales, una hazaña extraordinaria para una persona que trabaja con un pequeño equipo de asesores (para comprender la escala, en 2020, toda la Fundación Gates donó 5800 millones de dólares en donaciones directas).

Y, a diferencia de otros donantes que ponen sus nombres en edificios y salas de museos, Scott anunció sus aportes con discreción en una serie de publicaciones sutiles en un blog. Esperemos que, en 2022, más magnates de la industria tecnológica sigan su ejemplo.

 

c.2020 Harvard Business School Publishing Corp. Distribuido por The New York Times Licensing Group

 

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